Un tercio de la juventud ve «inevitable» controlar a sus parejas en algunas circunstancias

Madrid, 29 ene. 15, Gloria López. Uno de cada tres jóvenes considera «inevitable o aceptable» en algunas circunstancias controlar los horarios de la pareja, impedir que vea a su familia o amistades, no permitir que trabaje o estudie o decirle cosas que puede o no puede hacer. Son datos del informe «Percepción social de la violencia de género en la adolescencia y la juventud», presentado por la secretaria de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, Susana Camarero, la delegada del Gobierno para la Violencia de Género, Blanca Hernández, y la socióloga Verónica de Miguel. La encuesta de Igualdad se hizo a 2.500 jóvenes de entre 15 y 29 años.
“El problema es la tolerancia o normalización de los mecanismos de control, que se ven reforzados por el uso de las nuevas tecnologías”, asegura Mª Jesús Girona, presidenta de Federación Mujeres Jóvenes, en declaraciones para AmecoPress. “Son conductas que no se suelen relacionar con la violencia de género, por eso son difíciles de detectar”.
La socióloga coordinadora del estudio, Verónica De Miguel, explicó que, si bien el 96% de las mujeres y el 92% de los hombres en estas edades consideran «totalmente inaceptable» la violencia de género, «cuando se indaga se observa que no todas las formas de violencia suscitan el mismo rechazo ni todas las manifestaciones son vistas como violencia, como el control».
Si para el 97% es «totalmente inaceptable» la violencia física y sexual y para el 93% lo es también la verbal, solo el 66% considera de este modo la que se ejerce mediante el control. Además, los jóvenes toleran más estas conductas que los adultos, que en un 70% lo ven injustificable.
Desde Mujeres Jóvenes puntualizan que todavía la violencia se asocia solo a la agresión –física o verbal-. Sine embargo, advierten que estos mecanismos de control “forman parte del ciclo de la violencia de género”. Según Mª Jesús Girona, los comportamientos han cambiado al generalizarse el uso de las nuevas tecnologías, que ofrecen aplicaciones y recursos con infinitas posibilidades que antes no existían y “hace falta un replanteamiento de la labor de las instituciones y asociaciones ante estas nuevas formas de vivir”.
Sensibilización, prevención y educación
Los resultados del estudio evidencian también que las campañas de sensibilización influyen. Según explicó De Miguel, «entre quienes recuerdan alguna campaña de violencia de género, el 71% ve totalmente inaceptable la violencia de control, porcentaje que desciende al 64% entre quienes no recuerdan ninguna campaña, lo que hace pensar que el mensaje llega».
Por otra parte, el estudio refleja que al 88% de las personas jóvenes entre 15 y 29 años les parece bien que exista una Ley Integral contra la Violencia de Género, aunque son el 55% quienes han oído hablar de ella y menos, el 46%, quienes dicen que la conocen. El porcentaje es similar sobre el 016: el 46% tiene «algún conocimiento» de este teléfono, cifra que baja al 40% entre adolescentes de 15 a 17 años.
Además, el 78% opina que las campañas ayudan a concienciar a la sociedad y a las víctimas, aunque menos de la mitad (47%) recuerda alguna de estas iniciativas de sensibilización. Con todo, las mujeres jóvenes conocen en mayor proporción (84%) alguno de estos recursos (la Ley, el 016 o las campañas) que las adultas (80%).
Frente a los resultados que arroja el estudio, varias voces han denunciado los recortes que ha llevado a cabo el gobierno en los últimos años en materia de sensibilización y prevención de la violencia machista. La presidenta de Mujeres Jóvenes es una de ellas. Explica que la organización llevaba a cabo una campaña, ‘Grábatelo’ –dirigida a la prevención de la violencia de género en la población joven-, que funcionaba muy bien, era muy válida, educativa, y tuvo que dejar de hacerla –excepto si lo solicita alguna administración local que conozca la propuesta y pueda asumirla- porque dejó de recibir subvención para su desarrollo. Es solo un ejemplo.
“El cambio pasa por la prevención y la educación desde edades tempranas” insiste Mª Jesús y recuerda que el peligro de las nuevas tecnologías es cada vez mayor, lo que está llevando a hablar de “ciberviolencia” y también que en este campo, las jóvenes son más vulnerables: “por ser joven y por ser mujer”.
Ellos reconocen menos la desigualdad
Para el 71% de las personas encuestadas, no es que los malos tratos hayan aumentado en los últimos tiempos, sino que salen más a la luz. El 44% de los jóvenes y adolescentes ve grandes o muy grandes las desigualdades en España, frente a un 63% de las chicas.
Frente a la violencia de género, el 62% considera que las víctimas más vulnerables son las mujeres con discapacidad, el 56% sitúa a las menores de edad (el 63% de las encuestadas menores de 18 así lo indicó), el 52% a las extranjeras, el 41% a las mayores de 65 y el 40% señala a las que viven en entornos rurales. La cuarta parte coincide en se les debería prestar apoyo psicológico, el 15% habla de alojamientos protegidos y el 13%, de pulseras de localización para maltratadores.
El estudio arroja otros datos, como que un tercio de los jóvenes conoce a alguna víctima de violencia de género que, en el 21% de los casos, es menor de edad. El 42% de las chicas dice que se trata de una amiga y el 26%, de una vecina. A medida que aumenta la edad, crece el número de personas que tienen víctimas en su entorno cercano: el 23% de las personas encuestadas y el 33% de la población entre 25 y 29, conforme los datos del estudio.
Ante esta situación, el 58% de la población joven (65% entre las chicas) llamaría a la policía, mientras un 23% se enfrentaría al agresor (32% entre los varones) y un 14% llamaría la atención de otras personas.
En este sentido, destaca que el 88% de la población adolescente y joven «sabría dónde acudir para interponer una denuncia por maltrato», que en un 78% sería ante la Policía, un 25% a la Guardia Civil y un 16% al teléfono 016. Como principales causas del silencio de las víctimas identifican el miedo (80%), la existencia de hijos e hijas (40%), la vergüenza (25%) y la dependencia económica del agresor (15%).AmecoPress

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