«La diferencia entre un partido u otro no está en el número de machistas, sino en el de feministas» Miguel Lorente

MADRID, 24 May.- El ex delegado del Gobierno para la Violencia de Género Miguel Lorente afirma que «la diferencia entre una ideología o partido político y otro no está en el número de machistas que tenga, sino en el de feministas», porque de los primeros hay en todos lados, como los que provocaron, recuerda, el cierre del Ministerio de Igualdad, pero los segundos, hombres y mujeres, son los que pueden conseguir el auténtico cambio.
En una entrevista con Europa Press al hilo del lanzamiento de su nuevo libro, ‘Tu haz la comida, que yo cuelgo los cuadros. Trampas y tramposos en la cultura de la desigualdad’, Lorente planteaba que si bien «hay más machistas en una ideología conservadora que entiende que la mujer debe ocupar un espacio basado fundamentalmente en lo doméstico», el hecho de que sean ellos al final quienes permanecen más tiempo en política y con mejores cargos muestra que el problema es general.
Para Lorente, las declaraciones del candidato del PP al Parlamento Europeo, Miguel Arias Cañete, tras el debate con su rival, Elena Valenciano, «reflejan perfectamente la normalidad machista que justifica la referencia del hombre como superior» y que no acepta una derrota cuando la propicia una mujer. «Fue todo un razonamiento para justificar algo inadecuado, que él había salido devaluado de un debate con ella», plantea.
El experto en igualdad llama la atención sobre las disculpas que ofreció cinco días después el candidato ‘popular’. «En ningún momento dijo que sus afirmaciones fueran un error, algo incorrecto o que no fuera verdad. Dijo que había sido desafortunado, lo que significa que no es lo oportuno ni ha tenido éxito respecto al momento y las circunstancias. Además, pide disculpas por si ha ofendido a alguien. No tiene claro que ese comentario es ofensivo», señala.
La consecuencia del comentario, para Lorente, ha sido «generar una división» social y poner en evidencia que, «sin respaldar la literalidad de las palabras», sí hay quienes defienden el mito de fondo: «que la posición de los hombres de cara a dialogar con una mujer se ve influida por la posibilidad de que le consideren machista» porque «las mujeres instrumentalizan su teórica debilidad para obtener ventajas».
Estas posiciones, no son exclusivas de la ideología conservadora, «el machismo es cultura y la cultura marca la pauta para todos, hombres y mujeres». «Por eso tuvimos un Ministerio de Igualdad que fue abierto por un gobierno y cerrado por el mismo gobierno. Y quienes lo cerraron no fueron las feministas del Gobierno, fueron los machistas que hay en ese partido», afirma Lorente, primer delegado del Gobierno para la violencia de género en la historia de España bajo batuta de la primera ministra de Igualdad, Bibiana Aído.
Precisamente el libro está dedicado al equipo que conformó el ministerio en un tiempo que Lorente describe como «rodeado de trampas y acechado por los tramposos, tanto que al final se cobraron su presa». «;e refiero a aquellos que creen que la igualdad puede ser hipotecada, secuestrada, mercantilizada, por otros objetivos», matiza.
«En un momento en que el Ministerio de Igualdad estaba logrando poner en marcha políticas en todo el ámbito de la desigualdad y promocionando igualdad de manera correcta y pese a las criticas a diario, con la ministra cuestionada en lo profesional y personal por cualquier cosa, se decide que eso pasa a un lugar secundario para cumplir otros objetivos y yo no he logrado saber cuáles son», reflexiona Lorente.
En su opinión, «el ahorro económico no tiene ninguna justificación» porque «es más rentable invertir en igualdad que seguir manteniendo toda la injusticia, con sus costes», así que plantea que la decisión de convertir el ministerio en Secretaría de Estado pudo tener que ver con que «al final sí se vio que tanta igualdad estaba generando muchos problemas de imagen y que al final, podía restar espacio, votos, adhesiones, en un sector de centro derecha».
Lorente defiende no obstante que no debió ser una decisión exclusiva del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, «que ha demostrado que es un hombre que cree en la igualdad», aunque opina que «se dejó influir en un momento determinado por el peso y la presión de ese machismo político institucional que transmite elementos de trascendencia a aquello que propone».
«La igualdad siempre se ha considerado como una especie de lujo, es decir, cuando hay dinero y medios pues hacemos cosas por la igualdad, cuando hay que recortar, recortamos de la igualdad. Es una gran pena porque no se vio la posibilidad de mantener un espacio de identidad propio que marcase la diferencia, en un momento en que había unos criterios económicos marcados por una serie de políticas que a la fuerza tenían que converger en Europa. Podríamos haber dejado margen para las políticas sociales. Eso sí marca la diferencia entre los partidos», afirma.
EUROPA PRESS

 

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